polyanna

La luna y el mar

 

 

 

 

Peor para el sol...

La brisa le trajo la canción y una melancólica sonrisa brillo en la cara de la luna.

Los dioses la condenaron a vivir en la inmensa oscuridad; a esperar a los eclipses para encontrarse con su amor.

Triste y sola, las estrellas ya no la acompañan.

Pero el mar que noche tras noche intenta alcanzarla le dice:

- Tus lagrimas de plata, dejan surcos en mis aguas, heridas en mi corazón... ¡OH dulce señora! Déjame acunarte en mis brazos y ser por siempre tu servidor

 

Tiempo de decir adios.... segunda parte

 

Luisa Maria era su nombre, era el nombre que le habían puesto el día de su bautismo y el nombre que había decidido llevar por el resto de la eternidad.

A lo lejos las campanas de la catedral metropolitana anunciaban la medianoche,- la hora de las brujas, pensó-. Se levanto del banco de La Plaza de Mayo, en que se encontraba, acomodo su pollera y camino con paso decidido hacia el lugar de la cita.

Había elegido un café, alejado del bullicio de la calle corrientes. En realidad no creía que hubiera sido su elección, el lugar apareció en su mente, una orden, proyectada directamente en su cerebro,  una orden como tantas otras había recibido a lo largo de su vida junta.

Después de 200 años, volverían a verse.

Su hacededor, su amante, su padre y sin embargo la persona que mas odiaba

Y era esa mezcla de amor y odio, la que la impulsaba a buscarlo. Una y otra vez

Necesitaba hablar con el, decirle cuanto lo odiaba, cuánto aborrecía en lo que la había convertido, y cuanto lo necesitaba. Aunque en el fondo de su corazón, sabia que todas esas razones que la alejaban de él, el las conocía.

Muchos siglos había padecido su embrujo, había sido su títere...

Debía terminar con eso....

Si quería seguir existiendo, el tenia que morir, asegurarse que jamás volverían a encontrarse y caer nuevamente en el hechizo de sus profundos ojos grises.

Tiempo de decir adios....

 

Uno a uno sus dedos se deslizaron por el barandal de la escalera. Su vestido rojo rozaba los escalones de caoba lustrada. Aun faltaban algunas horas para el amanecer y la luna se filtraba curiosa por el ventanal, iluminándolo  todo con su luz espectral. Después de tanto tiempo  iba a abandonarlo. Su perfume seguía impregnado en su piel, y todo este ritual se le hacia insoportable. Lo dejaría ahora que lo amaba antes de odiarlo eternamente.

 

 

 

La elegida (corregido)

 

A pesar de su juventud, su corazón decidió no seguir latiendo. Con dieciocho años recién cumplidos, y por mucho que las estadísticas, dijeran que solo había un caso en un millón, El sabía que era mucho más común de lo que el resto de la gente pensaba. Era una lástima que apenas había comenzado a vivir. Envuelta en finas capas de satén, todas muy prolijamente acomodadas, con su mejor vestido, un cuadro muy surrealista, delante del cual desfilaban familiares y amigos , que no eran conscientes del ser que les observaba. No estaba vivo, al igual que la joven a quien despedían.

El tiempo reglamentario había transcurrido. Momento de comenzar.

No podía dejar que el cuerpo de la joven comience el irreversible camino hacia la putrefacción,  actuaría con rapidez, según las normas.

Primero lo primero,  así que se introdujo en la bóveda en la cual la habían colocado, según las tradiciones de su familia humana. Era de familia de bien, mucho mejor, porque así no tendría q enseñarle cómo comportarse, no pasaba lo mismo con los que eran de bajos recursos, y había que enseñarles.

La sacaría, sin destrozar el ataúd y así su familia seguiría creyendo que se encontraba dentro, descansando para toda la eternidad,  después la despojaría de sus ropas y la ataviaría con las adecuadas para presentarla en la corte.

Llevaba más de doscientos años realizando el trabajo para sus maestros, como él los llamaba, así que ya era algo más que mecanizado, pero esta vez quería lucirse, era el obsequio del aniversario de los quinientos años del príncipe.

Ni bien la sacó, la colocó sobre uno de los bancos que se encontraban para los dolientes, y se dispuso a dejar el ataúd en condiciones para que no hubiera sospechas.  Luego se volvió para verla, era realmente una niña exquisita, su cabello negro ondulado, le hacía de marco perfecto a la pálida cara. Se notaba el contorno de su delgado cuerpo, bajo los pliegues de gasa que formaban el vestido, azul marino.

Era muy hermosa...

La trató con suma delicadeza, la tomó en sus brazos y se desvaneció con ella hacia el ático que tenía, en lo más alto de la torre de los ingleses, en Retiro.

La colocó con cuidado en su cama, ahora podía observarla detenidamente. Deslizó uno de sus dedos, a través de un rizo que tapaba su cara. Sus facciones eran las de un ángel pensó, alguien al que podrías  adorar todo tu existencia y no te cansarías, alguien a quien podrías amar...

Claro que eso no le correspondería, su deber era  despertarla y traerla del limbo,  para que pudiera servir a su amo, fuera su compañera hasta que este lo decidiera, luego dejaría de alimentarla y simplemente volvería a dormir. Regresaría  al lugar de donde estaba a punto de sacarla y su cuerpo tan hermoso se marchitaría, se degradaría, se convertiría en cenizas...

-¡Que destino más cruel!...- pensó.

Sabía que el príncipe no la conservaría más de 50 años, ninguna alcanzaba las bodas de oro...

Realmente una lástima...

Con una mano, la incorporó suavemente, con la mano que le quedaba libre le quitó el vestido. Volvió a recostarla, y terminó de desvestirla. Desnuda a la luz de la luna,  su cuerpo tenía un brillo fantasmal, exquisito. Tendría que dejar de verla así,  solo era un peón en esto, algo insignificante y además las leyes de su raza prohibían que gente de su clase, tuvieran mujeres... no se les permitía tener compañeras, ni siquiera creándolas de esta manera...

Preparó todo con esmero para el ritual, las velas, el incienso  y hasta  puso algo de música en el DVD que  recientemente había adquirido, un maravilloso, según su criterio, invento de este siglo.

Ya estaba todo listo, solo faltaba...

Volvió a tomarla en sus brazos, corrió el pelo que caía en cascada alrededor de su cara, descubrió su cuello,  vio la vena que se marcaba en la translucida piel, toda una invitación a sus sentidos.

¿Podría hacerlo?

La pregunta hizo eco en su cabeza. Nunca en su larga vida, se había cuestionado una conversión, entonces por qué ella lo ponía en dudas...

¿se debería, sería su juventud? ¿Su hermosura?

Esos labios ya descoloridos, eran toda una invitación a besarlos...

¡Basta!

Se ordenó... La convertiría, la llevaría frente a su príncipe y este elegiría si se quedaba con ella o no...

¿Y si el príncipe no la quería?....

¿Qué le estaba pasando?  ¿Por qué demonios le importaba si el príncipe la quería o no? Ese no era su trabajo. Su trabajo era despertar y llevar, siempre había sido así, y lo seguiría siendo por toda la eternidad... no cuestionar, no salvar, y mucho menos enamorar...

Ahora sí estaba divagando, lo mejor sería despertarla, luego darle la charla básica de qué era lo que estaba pasando, llevarla junto al príncipe, seguir su camino....a la espera de la próxima elegida.

Volvió a concentrarse en su vena, una gota cayó en la mejilla de la chica... ¿Estaba llorando? Él no podía llorar...

Sin pensarlo más clavó sus dos poderosos colmillos, dejó que la sangre fluyera, otorgándole la nueva vida.

Solo transcurrieron dos minutos, pero fueron eternos para él .

Dos enormes ojos azules como la profundidad del mar se abrieron, y lo miraron con una inocencia, y una pureza de aquellos que nacen por primera vez a la vida...

En ese instante supo lo que debía hacer,  no la abandonaría a su suerte en manos del príncipe, no podría hacerlo con este ser tan maravilloso,  la amaba, no sabía el cómo ni el por qué, pero la amaba y entraría al mismísimo infierno por conservarla, a sabiendas que eso era lo que le esperaba.

Una voz melodiosa, lo sacó de su estupor, era alguien que demandaba su atención en este instante,  su amada le pedía respuestas y él seguro como estaba le daría el cielo y cada una de las estrellas.

 

LA Elegida

Según las estadísticas, ocurría un caso en un millón, aun era muy joven cuando su corazón decidió q no quería seguir latiendo.  Recién entrados en los 18, todavía en la flor de la edad, era el comentario más escuchado, en el velatorio, sin embargo ella se encontraba, ahí, entre las finas telas de satén. Y por  suerte para él la había encontrado.

Pasado ya los dos días, había  esperado el tiempo reglamentario. Sin ninguna duda seria este el regalo perfecto para el príncipe.

Ahora q el cuerpo de la joven comenzaba el irreversible camino hacia la putrefacción,  actuaria según las normas.

Primero lo primero,  así q se introdujo en la bóveda en la cual la habían colocado, según las tradiciones de su familia humana, era de familia de bien, eso era mucho mejor, por q así no tendría q enseñarle cómo comportarse, no pasaba lo mismo con los q eran de bajos recursos, y había q enseñarle.

Tendría q sacarla, sin destrozar el ataúd y q su familia siguiera pensando q se encontraba ahí,  después la despojaría de sus ropas y la ataviaría con las adecuadas para presentarla en la corte.

Llevaba más de doscientos años realizando el trabajo para sus maestros , como él los llamaba, así q ya era algo q tenia mas q mecanizado, pero esta vez sabia q tenia q lucirse, por q era el obsequio del aniversario de los quinientos años del príncipe.

Ni bien la saco, la coloco sobre uno de los bancos q se encontraban ahí para los dolientes, y se dispuso a poner el ataúd en condiciones para q no hubieran sospechas.  Luego se volvió para verla, realmente era una niña exquisita, con su cabello negro ondulado, q le hacía de marco perfecto a su cara muy pálida, debido a las horas q llevaba muerta. Era muy delgada, y tenía puesto un vestido de gasa color blanco de breteles, con un  cinturoncito de florcitas rosas.

Realmente se había lucido, era muy hermosa... tratándola con suma delicadeza, la tomo en sus brazos y se desvaneció con ella al ático q tenia,  en lo más alto de la torre de los ingleses, en Retiro.

Una vez en el mismo la coloco con cuidado en su cama, ahora podía observarla detenidamente. Realmente era muy hermosa,  con uno de sus dedos, le corrió un rizo q tapaba su cara. Sus facciones eran las de un ángel pensó, alguien al q podrías  adorar todo tu existencia y no te cansarías, alguien a quien podrías amar...

Claro q eso no le correspondería , su deber era  despertarla y traerla del limbo,  para q después su amo la enamorara y fuera su compañera hasta q este lo decidiera, luego dejaría de alimentarla y simplemente volvería a dormir. Regresaría  al lugar de donde la sacaría ahora, y su cuerpo tan hermoso, se marchitaría , se degradaría, y se convertiría en cenizas...

Que destino más cruel, pensó. Por experiencia sabia q el príncipe no la conservaría por más de 50 años, ninguna  pasaba nunca ese periodo... realmente una lástima...

Con una mano, la incorporo  suavemente  y con la otra le quito el vestido, La piel era realmente suave,  claro q en parte se debía a su corta edad, realmente era muy joven. Volvió a recostarla, y termino de desvestirla. Desnuda a la luz de la luna ,  su cuerpo tenía un brillo fantasmal y era exquisito.. Bueno tendría q dejar de verla así,  solo era un peón en esto, algo insignificante y además las leyes de su raza prohibían q gente de su clase, tuvieran mujeres... no se les permitía tener compañeras, ni siquiera creándolas de esta manera...

Preparo todo con esmero para el ritual, las velas, el incienso  y hasta  puso algo de música en el DVD q  recientemente había adquirido, un maravilloso según su criterio, invento de este siglo.

Ya estaba todo listo,  ahora solo faltaba...

La tomo en sus brazos suavemente, le corrió el pelo q caía en cascada alrededor de su cara y así pudo descubrir su cuello,  y vio ahí, la vena q se marcaba en la translucida piel, q lo llamaba y lo invitaba.

¿Podría hacerlo??

De repente esta pregunta resonó en su cabeza,  nunca es su larga vida, se había cuestionado una conversión, y sin embargo ella lo ponía en dudas...

A q se debería, sería su juventud? Su hermosura? Esos labios q anqué ya se encontraban descoloridos, eran toda una invitación a besarlos...

Basta!!! Se ordeno... La convertiría, la llevaría frente a su príncipe y este elegiría si se quedaba con ella o no... Y si el príncipe no la quería?....

Diosh!, q le estaba pasando?  A él qué demonios le importaba si el príncipe la quería o no?? Ese no era su trabajo, su trabajo era despertar y llevar, siempre había sido así, y lo seguiría siendo por toda la eternidad... no cuestionar, no salvar, y mucho menos no enamora...

¡Por dios!!! Ahora si estaba  divagando, lo mejor sería despertarla,  y luego darle la charla básica de q era lo q le estaba pasando, llevarla junto al príncipe , y seguir su camino, a la espera de la próxima elegida...

 

Volvió a concentrarse en su vena,  una gota cayó en la mejilla  de la  chica de la nada... estaba llorando?' pero si él no podía llorar,  solo una vez en toda la eternidad...

Sin pensarlo más clavo sus dos poderosos colmillos, y dejo q la sangre mágica hiciera lo suyo, el despertarla...

Tan solo transcurrieron dos minutos pero para él le pareció una vida... De repente do enormes ojos azules como la profundidad del mar se abrieron, y lo miraron, con una inocencia, y una pureza de aquella q nace nuevamente...

Y en ese instante supo lo q debía hacer,  no la abandonaría a su suerte en manos del príncipe, no podría hacerlo con este ser tan maravilloso,  la amaba, no sabía, el cómo ni el porqué, pero la amaba y entraría al mismísimo infierno por conservarla, y dios sabe q eso era lo q le esperaba.

Súbitamente, escucho una vos melodiosa, el canto de un hada,  alguien q requería su atención en este instante,  su amada le pedía respuestas y el seguro como estaba le daría el cielo y cada una de las estrellas.

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